El Hércules acrecienta su crisis con otro ridículo (0-0)
Los blanquiazules se condenan a luchar por la permanencia

Todo lo que pudo salir mal, definitivamente salió mal. Este domingo en el Rico Pérez vimos otro despropósito inconcebible del Hércules de Beto Company… una vez más. El infumable empate ante el Atlético Sanluqueño (0-0) tuvo de protagonista a un cuadro alicantino inoperante, un colegiado arrogante y con complejo de superioridad junto una afición hastiada y enfadada que tuvo que soportar un partido infumable y un chaparrón de lluvia.
El once del Hércules fue el esperable, pues Beto Company ya confirmó en rueda de prensa que ‘una revolución’ era imposible debido a las bajas. Por ello, el once fue idéntico al que se usó ante el Marbella hace dos jornadas, con la excepción de Fede Vico, que esta vez dejó su lugar a Ben Hamed. Sandro Blazic regresó a la titularidad, y Retu fue el parche en el lateral derecho.
El encuentro ya comenzó con mal pie. Para variar, los herculanos tardaban mucho en salir jugando desde atrás, pero la poca calidad en la salida de balón hacía que el cuero se rifara de un modo u otro. Sin ir más lejos, en una pérdida de Unai Ropero, en la que el atacante reclamó falta, Pablo Barea ya protagonizó la primera ocasión del Sanluqueño. Por si fuera poco, a los ocho minutos de encuentro Pavón estrellaba en el palo un remate tras una falta colgada al área.
Intento inútil de reacción
Trató de reaccionar el Hércules entre la desesperación de la grada, que exigía mucho más a su equipo. Alberto Toril remató tímidamente de cabeza una falta de Andy Escudero. Poco después, Mehdi Puch definió sin éxito al segundo palo tras una jugada por banda derecha entre Escudero y Ben Hamed. Vistos los evidentes problemas de los blanquiazules para salir jugando desde atrás, el Hércules trató de jugar mucho más directo para sobrepasar el agobio visitante.
Los evidentes problemas de desborde por la banda derecha dieron más protagonismo al carril zurdo de Unai Ropero y Javi Jiménez. El propio Ropero fue de lo más activo en un contexto de poca actividad herculana. Primero lo intentó el vitoriano tras una jugada por línea de fondo donde no pudo rematar, y luego estrelló el balón en la defensa tras trazar una diagonal por el borde del área. El marcador no se movió, y los herculanos se marcharon a los vestuarios entre ‘olés’ sarcásticos y pitos.
Tarjeta roja y más leña para el fuego

Con el fin de ser más incisivo por la banda derecha, Beto Company cambió a Retu por Nico Espinosa para tratar de revivir el ataque herculano. Sin embargo, Andy Escudero vio la tarjeta roja tras una entrada dura sobre Almagro en un balón dividido. El Hércules, de por sí con problemas en ataque, tuvo que afrontar el partido con diez jugadores desde el minuto 50.
Con un cuadro alicantino perdido, sin el balón y con poco o nada de fútbol, se añadieron las constantes interrupciones del juego. El colegiado no pareció interesarse mucho, y su excesiva permisividad perdonó la segunda tarjeta amarilla de Ronald Gbizie. Mientras que el árbitro catalán decidió no amonestar las entradas del Atlético Sanluqueño, sí decidió que en su lugar usaría las amarillas para amonestar las recurrentes quejas y reproches de los jugadores blanquiazules. Por romper una lanza a su favor, no todas las faltas fueron justificadas, pues Javier Rentero también se excedió intentando simular acciones que no tenían importancia.
Llegados al minuto 63, el Hércules reclamó penalti tras una jugada de Nico Espinosa en la que el alicantino estrelló el cuero en la mano de un jugador visitante. El árbitro no solo no concedió la pena máxima, sino que amonestó con amarilla a Javi Jiménez por quejarse. La revisión del penalti parecía evidente, solo que el colegiado desestimó la pena máxima puesto que el extremo alicantino partía desde una posición adelantada.
La turra de partido tuvo un final en la misma línea: poco del Sanluqueño, y prácticamente nada del Hércules. Ni Guti, ni Jeremy de León ni Fran Sol lograron algún tipo de milagro. Para colmo, Beto Company vio la segunda amarilla y se marchó expulsado, por lo que no podrá estar en el banquillo del Nou Creu Alta. Además, los aficionados herculanos comenzaron a marcharse tras un aguacero repentino que terminó de vaciar el Rico Pérez.
Con un amenazante Sabadell a la vuelta de la esquina, y con un Hércules que no levanta cabeza, los blanquiazules se mantienen a seis puntos de la quinta plaza, algo idealista de alcanzar por el momento. Sin embargo, donde hay que mirar es abajo, donde los puestos de descenso se mantienen a cinco puntos de distancia. La semana que viene, el Hércules tiene una cita muy complicada ante el Sabadell.
